¿Por qué llamamos dientes de leche a aquellas piezas dentales que nos salen cuando somos bebés y niños y que, con el paso de los años, acaban cayéndose para ser sustituidos por los definitivos que nos acompañarán el resto de nuestros días hasta la ancianidad? Su denominación popular se debe, sencillamente, a que son piezas que suelen aparecer durante el periodo de lactancia, cuando el bebé aún es amamantado por la madre. No obstante, estos dientes, que los profesionales conocen como dentición decidua, se desarrollan durante el periodo embrionario para erupcionar en la boca en la infancia.
Higiene y revisiones bucodentales: márcate un calendario
Todos sabemos, unos con mayor rigurosidad –interés en algunos casos- que otros que para tener una buena salud es necesario chequear su estado cada ‘x’ tiempo para que, con esa prevención, haya un notable margen de maniobra para atajar, si lo hubiera, el problema.
Exactamente lo mismo ocurre en el plano de la salud bucodental, que es la que nos ocupa desde la Clínica Dental Arancha Otero de Ávila. Cuanto mayor control, atención y prevención tengamos sobre ella, mayor porcentaje de éxito tendremos. También para evitar costosos tratamientos para paliar graves patologías que, además, pueden extenderse a otras partes del organismo si no se abordan de la forma adecuada.
El riesgo para la salud bucodental de los tratamientos low cost
Nadie ‘peca’ por el hecho de buscar el ahorro a la hora de comprar o adquirir un producto o servicio. Tampoco aquel que compara entre supuestos iguales. Es una condición cotidiana en nuestra sociedad actual.
Sin embargo, no por intentar ahorrarnos unos euros podemos dejar de vigilar la calidad, la profesionalidad o la integridad de un servicio donde la salud está en juego. Y, en el caso concreto que nos aborda, hablamos a la hora de elegir los tratamientos bucodentales con un profesional adecuado y que no escatima en tiempo, cuidado y material en el tratamiento con sus pacientes.
Otoño: rico en sanos alimentos
La época otoñal en la que nos encontramos suele suponer, para muchos, un punto de inflexión del año; el inicio de una nueva temporada con la que dejamos atrás el verano, quizás las vacaciones, y retomamos una serie de hábitos, incluidos los alimenticios, que son los que traemos a análisis en este post.
¿Piercing en la boca? No si puedo evitarlo, gracias
¿Por qué nos ponemos piercings en nuestro cuerpo? ¿Por qué lo hacemos si sabemos que no es una práctica muy beneficiosa para la salud? Es algo que el ser humano lleva haciendo desde hace milenios. No creamos que el piercing es cosa de hace tres días. Tampoco es nuevo el motivo: suele ser la estética o la intención de comunicar algún significado lo que lleva a su colocación.
Si practicas running, una buena higiene dental te hará más fuerte y competitivo
Toma el sol y aumenta tu vitamina D. ¡Pero sin excesos y con precauciones!
¿Playa? ¿Piscina? ¿O incluso pantano y río? Es probable que muchos de vosotros disfrutéis de estos refrescantes placeres durante los meses de verano, en aras de granjearos momentos de relax, desconexión, recarga de energías y, también, y aunque probablemente sea en lo que menos pensamos, para incrementar las cantidades de vitamina D en nuestro organismo, fundamental para la fortaleza de los huesos y, por extensión, de los dientes.
La exposición al sol es esencial para que nuestro cuerpo pueda generar en cantidades suficientes esa vitamina D. Los especialistas avisan: no contar en el organismo con su presencia en los valores recomendados puede ser el germen en el futuro de enfermedades como la esclerosis múltiple, tensión alta o incluso cáncer.
Protege tu boca del sol
Aunque nada malo tiene disfrutar de una buena sesión relajante bajo el sol, sí hay que tener en cuenta que excederse o hacerlo sin tomar una serie de medidas puede acabar resultando nocivo.
Nuestra cultura sanitaria ya nos advierte que pasar demasiado tiempo bajo los rayos del sol daña nuestra piel, e incluso nuestra boca. No es extraño que se produzcan abundantes quemaduras en los labios durante los meses más calurosos, por lo que recurrir a un protector labial es una buena idea si vamos a pasar bastante tiempo bajo el sol.
Si ya no hay remedio y te has quemado la piel, nunca recurras a ese falso mito que recomienda aplicar pasta de dientes o, sencillamente, dejarla secar al sol. La llamada Sociedad Española de Heridas (SEHER) asegura que esas malas praxis generan, en el peor de los casos, infecciones, que resultan más complejas de curar y que, incluso, pueden derivar en otras patologías más graves. Simplemente, usemos la lógica al tomar el sol, por favor.
¿Y cómo nos protegemos del sol?
La incidencia del sol no sólo la debemos considerar en la playa o la piscina. El respeto no hay que perderlo en ningún momento ni en ningún lugar, por muy lejos que se encuentre la costa. El astro rey no deja de emitir radiaciones ultravioletas; en verano, en invierno y haga un sol de justicia o esté nublado. Sólo tenemos que adaptarnos a las condiciones de cada momento y de cada lugar.
He aquí algunos consejos a la hora de tomar el sol:
– Hay que evitar las horas centrales del día; o al menos tomar mayores precauciones. Bebiendo líquido abundante evitaremos una posible deshidratación.
-La exposición al sol debe de quedar al margen de bebés y niños muy pequeños. Los protectores solares se utilizan a partir de los seis meses, según las recomendaciones profesionales.
-La crema solar es fundamental; pero no cualquiera. Hay que utilizar la adecuada para las características personales de la piel de cada una. Es recomendable aplicarla cada dos horas y sin escatimar. Si la piel es mate, el factor estará, normalmente, entre 15-20 de protección; para las sensibles, entre 30-60.
–Gafas de sol, gorro y las cremas antioxidantes para después del baño son altamente útiles y efectivos. La prevención por encima de todo.
¡Disfruta del verano!
¿El dentista es o no es caro?
Como casi todo en la sociedad, la profesión de dentista ha sufrido una evolución a lo largo de las últimas décadas que la han movido hacia concepciones más positivas, y donde mucho han tenido que ver factores como la información, la transparencia, la constante formación o, también, la estricta profesionalización.
Pero dos prejuicios sobreviven anclados a la odontología, como son el hecho de asociar con el dolor la visita a la clínica dental y el hecho de que supone un sablazo económico para el bolsillo.
A lo largo de este post analizaremos el segundo de estos supuestos para determinar cómo se llega a las tarifas en las clínicas dentales, haciendo notar cómo, en buena parte de las ocasiones en las que sale caro, hay que buscar el origen en la dejación de una correcta higiene bucal, lo mismo que en el caso de la aparición del dolor físico.
La salud general también empieza por la boca si no queremos que una patología en la misma acabe afectando al resto del cuerpo. Es más habitual de lo que podemos pensarnos.
Y para ello, para evitar males mayores, no hay mejor remedio que la prevención, cumpliendo las revisiones periódicas que se nos han recomendado. Es frecuente que muchas personas solamente acudan al dentista cuando el dolor o el problema ya han hecho acto de aparición. Y puede que para entonces el coste económico sea mayor y que las secuelas físicas tengan difícil o imposible solución.
El sistema de salud que tenemos en España es público y gratuito, pero la salud bucodental no tiene, ni mucho menos, cobertura para todas las intervenciones. Y eso hace que concibamos el servicio privado de odontología como caro.
Pero preguntémonos algo: ¿cuánto cuestan los equipamientos, las pruebas, el personal o las consultas existentes en la sanidad pública? Pues sabemos que muchísimo; tanto que, como estamos viendo, la actual crisis económica ha puesto en entredicho el mantenimiento de la sanidad pública tal y como la hemos conocido en años anteriores.
La odontología requiere una constante y costosa formación, un reciclaje continuo, a lo que hay que sumar una importante inversión en materiales y equipamiento para poder ofrecer a los clientes el mejor de los servicios profesionales posible.
No resulta hoy estrictamente riguroso vincular a un dentista con un servicio extremadamente caro y, en ocasiones, inabordable, como quizás se pensaba hace unas décadas. Por aquel entonces ni dentistas ni clínicas dentales destacaban por su abundancia. Eso hoy ha cambiado, proliferando en gran número y, por ende, provocando un ajuste en la oferta y la demanda que ha mantenido, y hasta reducido, los precios del dentista. Siempre, eso sí, con una normativa y una colegiación que marca unos mínimos de seguridad y calidad.
El carácter de los servicios que se prestan en una clínica dental es intangible; es distinto a cualquier producto físico que podemos comprar en una tienda. También tiene mucho peso una formación superior o en técnicas complejas que mejoren las prestaciones de un profesional a la hora de fijar los precios, porque no es lo mismo una formación de varios días colocando implantes que un máster cursado a lo largo de varios años.
Ocurre lo mismo con el material utilizado. Sus calidades y prestaciones varían según sea uno u otro. También en odontología existen las marcas blancas y hay que ser al menos precavidos con todo ello. No todos los materiales duran lo mismo ni, atención, tienen la misma aceptabilidad para todas las bocas. Recuerde: lo barato puede acabar saliendo caro.
El dentista siempre debe de ofrecer un trato personalizado a cada paciente. No en vano, un empaste, un implante o cualquier otro servicio no es lo mismo en una u otra persona, puesto que sus características bucodentales serán siempre diferentes.
Importante: mantener las revisiones
Volvamos a la idea de la prevención para hablar de si es caro o no el dentista, aunque esta vez con bienes tangibles. Si a un vehículo o a una vivienda habitual no se les realizado labores de mantenimiento y reparación, todos sabemos que el resultado, más pronto que tarde, será el de que se rompa, se caiga o, sencillamente, se vuelva inservible. Pues eso es algo aplicable la salud bucodental: la dentadura también necesita revisión y mantenimiento constante. En algunos casos más que en otros, eso sí. En caso contrario, el problema puede convertirse en patología. Y entonces sí será caro el dentista.
La mejor de las inversiones para evitar pagar altas cantidades es la prevención. Cumpliendo con las revisiones estaremos evitando, o cogiendo a tiempo, la aparición de enfermedades periodontales importantes. Si no quiere rascarse demasiado el bolsillo, no se las salte.
Los instrumentos de trabajo de los dentistas más antiguos
Hoy en día pisamos modernas clínicas dentales dotadas de las últimas tecnologías que nos facilitan el camino hacia una correcta salud bucodental. Sin embargo, los dentistas no ejercen desde ayer. Ni siquiera desde el siglo pasado. La profesión, según las informaciones que se han podido documentar, se inició ya hace miles de años. Aunque, lógicamente, los métodos distaban mucho de los que nos podemos encontrar ahora.
El arduo y buen trabajo de información y documentación realizado por la llamada Sociétè Française d’Histoire de l’Art Dentaire (SFHAD), una institución francesa cuya traducción es la de Sociedad Francesa de Historia del Arte Dental, ha ofrecido como resultado un interesante proyecto sobre la historia de la odontología que a continuación explicamos.
La Societé ha puesto en marcha un Museo Virtual –ver en su página web– donde se ilustran y explican los múltiples instrumentos que, miles de años antes, utilizaban los que han sido catalogados como primeros dentistas de los seres humanos.
En dicha website tendremos a nuestro alcance una curiosa retrospectiva histórica, y debidamente documentada, que, de una forma muy gráfica, retrocede a la forma de trabajar de aquellos antiguos especialistas en salud bucodental, cuyos inicios se sitúan en el antiguo Egipto.
La identidad del primer dentista se atribuye a Hessie-Rese, que habría operado como tal en torno al 3.000 a.C. Los habitantes del antiguo Egipto no llevaban precisamente una alimentación adecuada, lo que les solía ocasionar problemas bucodentales. Se conoce que consumían mucha miel, un nutritivo alimento que, sin embargo, contiene elevadas cantidades de azúcar y que, por lo tanto, debe tomarse en su justa medida.
¿Y con qué se lavaban los dientes los egipcios? Para ello utilizaban la planta del papiro, mientras que como pasta de dientes tenían una mezcla, machacada, de sal, lirio seco, menta y pimienta.
Han sido las investigaciones realizadas sobre las momias del antiguo Egipto las que han permitido acercarnos a la higiene dental del mencionado periodo histórico, junto a los escritos de los escribas o los famosos jeroglíficos.
Este Museo Virtual del Arte Dental está en lenguaje francés, pero contiene una gran cantidad de imágenes que aportan una sobresaliente información acerca de una profesión que no siempre ha sido bien entendida: la de dentista. Todavía es hoy frecuente que muchas personas padezcan miedo cuando van a visitar una clínica dental. Sin embargo, la evolución ha deparado un progreso que ha hecho desaparecer, hace ya mucho, elementos como el abrebocas de la fotografía…
Fotografía: Museo Virtual del Arte Dental
Recuperar la forma física durante el verano: siempre con lógica
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