Aunque suene extraño, los humanos también podemos tener dientes de tiburón si bien nada tiene que ver con el escualo. Se trata de una malformación dental en la que los dientes temporales o de leche coinciden con los permanentes.
Es una de las malformaciones dentales más llamativas, sin embargo no es grave y es más frecuente de lo que podamos pensar: uno de cada diez niños la presenta en alguno de sus dientes.
¿Por qué se produce? Normalmente, los dientes de leche se caen previamente a que los definitivos emerjan. De hecho, éstos últimos empujan a los primeros para salir, ayudando a disolver las raíces de las piezas dentales temporales. En ocasiones, los dientes de leche se resisten y los definitivos salen detrás de aquellos al no disolverse sus raíces.
Algunos expertos apuntan a la falta de espacio para salir de los dientes definitivos como la razón que hace que varíen su trayectoria al emerger, no ayudando así a la disolución de las raíces de los dientes de leche.
Aun cuando se produce esta situación, lo habitual es que los dientes temporales acaben cayéndose y salgan con normalidad los definitivos. En caso de que pasen los días y no ocurra, debemos acudir a un profesional de la odontología, preferiblemente un odontopediatra, para que nos los extraiga.
De este modo, el odontólogo también podrá revisar nuestra boca y valorar si existe suficiente espacio para que los dientes se coloquen correctamente así como cualquier otra anomalía.
De no acudir al odontólogo podemos llegar a la edad adulta, como existen algunos casos, con piezas dentales de leche que no se han caído ni se han extraído y nos ocasionarán problemas como apiñamiento de dientes o maloclusión dental. Además, los dientes de tiburón favorecen la aparición de caries al dificultar la higiene dental.
Por todo ello, lo recomendable es ser fieles a la visita a nuestro dentista de confianza para evitar cualquier problema bucodental. En Arancha Otero estaremos encantados de atenderte si decides acercarte a nuestras instalaciones.
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